Botnia y las inversiones extranjeras

(Sobre resultados de la encuesta nacional de CIFRA de noviembre de 2007: 1000 entrevistados en sus hogares, en todo el país, entre los días 3 y 11 de noviembre)

Para los uruguayos, la instalación de la planta de Botnia es muy positiva para el país. Como se ve en el primer gráfico, el 81% está a favor, apenas 8% en contra. El resto cree que no es positiva ni negativa (5%) o no opina (6%).

Este juicio fuertemente favorable a la instalación de la planta de Botnia es compartido por toda la sociedad uruguaya: hombres y mujeres, de cualquier edad y educación, cualquiera sea su preferencia partidaria o ideológica. El Gráfico 2 muestra el porcentaje de votantes de cada uno de los tres partidos mayores en 2004 que está a favor de Botnia. 

Pero además, esta actitud favorable no vale sólo para Botnia, sino para todas las “inversiones industriales extranjeras” en el Uruguay. El tercer gráfico muestra que el 72% de los uruguayos cree que es bueno que se instalen “otras plantas industriales extranjeras”; menos de uno cada cinco uruguayos (18%) opina en contra. Este 72% es un poco menor que el 81% a favor de Botnia, pero es una mayoría muy grande. Y también, como en el caso de Botnia, es un juicio compartido por toda la sociedad uruguaya. 

El apoyo a las inversiones extranjeras tiene algunos matices, pero no los que tal vez se esperarían. Como se observa en el Gráfico 4, no hay diferencias políticas. Muy sólidas mayorías de los votantes de cada uno de los tres partidos mayores en 2004 están a favor de la instalación de otras plantas industriales extranjeras en el país. 

Pero sí hay matices en cuanto a los lugares en los que estas plantas industriales podrían o deberían instalarse. Como se ve en el Gráfico 5, una cuarta parte de los uruguayos (27%) preferiría que se instalaran en otro departamento, no en el que ellos mismos viven. Esto se debe principalmente al peso de los montevideanos: casi cuatro de cada diez montevideanos (36%) prefieren que las nuevas industrias se instalen en otros departamentos, tal vez porque piensan que en Montevideo hay poco lugar o porque ya tiene muchas industrias, o simplemente porque quieren las plantas, sí, pero preferiblemente lejos de donde ellos viven. 

La mitad de la población prefiere que se instalen en todo el país (32%; la idea es, probablemente, que las inversiones y sus beneficios vayan a todo el país), o en su propio departamento (17%, porque creen que les hace falta). 

A partir de todas estas respuestas, se pueden sacar al menos tres grandes conclusiones:

(a)   las opiniones de los uruguayos están cambiando; en el pasado no solían ser tan favorables a las grandes inversiones extranjeras;

(b)   probablemente la presión de Argentina y el sentimiento nacionalista que ha despertado han ayudado a estos cambios de opinión. La palabra “imperialismo” o “sub imperialismo” (referida a los argentinos) todavía no se usa, pero es claro que cada vez más gente cree que lo de la ecología es sólo una excusa, y que cada cual defiende su propio interés. Para la gran mayoría de los uruguayos el interés del país es defender a Botnia y a la inversión extranjera, porque de esa manera se construye un país mejor y más próspero

(c)   finalmente, la gira del Presidente Tabaré Vázquez en el Pacífico y en Asia buscando inversiones y comercio coincide exactamente con este clima de la opinión.

La gente no aplica las palabras “imperialismo” o “sub-imperialismo” en relación a nuestros vecinos argentinos, o al menos por ahora no. Sin embargo, la persistencia del problema, y algunas actitudes de los vecinos, dejan cada vez menos espacio a la idea de la “equivocación honesta”.

Pero aunque la gente no habla de imperialismo, entre los formadores de opinión (basta ver la prensa de esta semana) son cada vez más numerosos los que hablan explícitamente de diferencias de intereses; cada cual defiende los suyos. Muchos de los que atacan a Botnia lo hacen porque creen que no sirve a sus intereses muy concretos. Los vecinos de Gualeguaychú ni siquiera conciben la posibilidad de que la planta contamine dentro de los límites aceptables incluso en los países más ricos, y criticaron a su presidenta electa sólo por sugerir que esa era una posibilidad.

Si el conflicto se extiende hasta mediados del año próximo o aún más allá, eso podría llegar a generar un encono muy grande en Uruguay.

 

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